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Zurda, rubia, pelo largo, ojos verdes, AMA el chocolate, ODIA el café. Vive en un mundo apartado del resto, cree que todo el mundo es bueno y la gente la piensa inocente. Le encantan los besos en el cuello y los guiños de ojo, y se enamora de la gente por su nariz. Le encanta pasar el tiempo con sus amigos y escuchar música, y sabe guardar cualquier secreto.
-Estamos hechos de la misma materia que los sueños...

martes, 21 de septiembre de 2010

No podemos hacer nada para cambiarlo.


Porque cada una de esas miradas divertidas, cada una de esas sonrisas inocentes y cada <<¿Cuánto falta para el recreo?>>, pronto se fueron transformando en miradas cómplices y sonrisas pícaras, y esas preguntas cándidas en te quieros perdidos.
Que no me importó eso, qué va; que por mi, mejor. Que ya sabes todo lo que llegué a sentir por tí -de echo, aún lo siento-, pero que esas miradas cómplices, esas sonrisas y esos tequieros se fueron atrofiando, y volviéndose cada vez menos frecuentes.
Que para esto, que casi preferiría haberme quedado en las miradas ingenuas y en las preguntas sencillas. Que casi habría peferido estar de nuevo en esas clase pequeña y llenas de niños, con el sol entrando a raudales...
Así, ahora mismo me estarías sonriendo y yo te estaría haciendo muecas y haciéndote reír. Que sí, que vale, que yo seguiría con esa opresión en el pecho, que me gritaba a cada momento: ¡Díselo! ¡No puedes ocultarlo más! ¡La quieres!.. Pero tal vez eso habría sido mejor, mejor que quedarme sentado en las escaleras, con la mirada perdida, como estoy ahora mismo. Que en este momento, todo habría sido como siempre tuvo que haber sido, como siempre fue entre nosotros.
Qué error cometí. Cometimos.
Pero, oye, lo echo, echo está. Y mira, no podemos hacer nada para cambiarlo.

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